Dulce como la miel

Una fragancia festiva

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Una fragancia festiva

No es complicado simpatizar con la mentalidad de una abeja. Fascinados por el color vivo y el aroma hipnótico de una flor en plena floración, ¿quién de nosotros podría resistirse a posarse en sus pétalos aterciopelados para atiborrarse de néctar como si no hubiera mañana? Cuando esta preciosa carga vuelve a la colmena, se almacena en el panal ceroso, donde las abejas la ventilan con sus alas para evaporar el contenido de agua. Un espeso torrente de lava dorada de un dulzor pegajoso comienza a emerger mientras la madre naturaleza se felicita una vez más por este triunfo maravilloso que nosotros conocemos como miel.

Uno de mayores obsequios del mundo natural, la miel nos ha hipnotizado desde que el hombre es hombre. Está en nuestro ADN prehistórico. Las pinturas rupestres neolíticas representan intrépidos recolectores que suben a las alturas para saquear colmenas mientras las abejas, indignadas, intentan evitarlo. Los sumerios y babilonios expresaron su amor por este delicioso manjar en escritos antiguos, entre ellos el poema más antiguo conocido: una oda erótica al rey Shu-Sin del siglo XX a. C., cuya belleza se describe como "dulce de miel" por parte de un admirador enamorado.

Hasta las abejas que trabajan en invierno, cuando las flores son escasas y están más dispersas, necesitan un estímulo dulce. ¿Acaso podemos culparlas?

Está claro que era inevitable que la miel se convirtiera en un ingrediente principal durante la temporada festiva. Se dice que los antiguos egipcios empezaron regalándola como obsequios antes de que los victorianos empezaran esta tradición navideña siglos más tarde. ¿Y qué tipo de celebración no incluye delicias con las que deleitarse? Ninguna que nos interese lo más mínimo.

Lo cual nos lleva al aroma de la temporada: Starlit Mandarin & Honey. Acompañada de notas de hierba seca, heno y geranio, la miel rica e intensa encuentra un brillante compañero de baile invernal en el brillo de la mandarina amarilla. Un Citrus Fougere para convocar el espíritu de las festividades hibernales, donde las hogueras de leña y la alegría crepitan hasta bien entrada la noche.

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